ATRACCIÓN

La atracción chispeante de aquella sonrisa que le llegaba hasta los ojos me embriagaba. Esa mirada concentrada en mi hasta tal punto que sabia que para él todo lo que había a nuestro alrededor había desaparecido. Sus ojos me hacían sentir única y especial, y era tan agradable creer todo lo que en ellos leía… que era tentador regocijarme en esa lectura idolatrada de mi. Me hacía engordar de felicidad y eso me daba un poco de vergüenza… siempre me había considerado una chica del montón… pero era increíblemente excitante permanecer aunque fuera solo por unos instantes en aquel mundo de dioses a través de sus ojos. Temía perderme en ese mundo de fantasía, dejarme absorber por su burbuja y soñar… porqué luego tendría que hacer frente a la realidad y mis propias convicciones. Y eso me frenaba los pies lo suficiente para no dejarme viajar hasta su mundo y establecer esa distancia prudencial entre los dos. Con ese muro invisible que creaba mi conciencia para facilitar la tarea de resistirme a la tentación de salir corriendo al encuentro de su abrazo. Ese abrazo cálido y protector que no podía permitirme…, ni disfrutar…, y ni siquiera desear.

Él permaneció ahí, alargando los segundos, impregnándose de cualquier detalle que alimentara sus esperanzas, quizás incluso cavilando los pros y contras que supondría dar un paso más y llevar la iniciativa. Pero no se si era por prudencia ante lo que yo pudiese desear o miedo al rechazo lo que lo mantenía a la espera de mi señal para tomar la decisión. La atracción entre ambos era obia y casi podía oír el chispeteo eléctrico que nos atraía, como dos imanes que buscan su beso.

Su mirada se hizo más pícara, dibujando ese hoyuelo seductor en su lado derecho… mi fantasía se disparó y se me escapó una sonrisita. Él aprovechó mi desliz para aproximarse más y cojerme dulcemente la mano invitándome a bailar. Su proximidad me dejó sin aliento por unos momentos. Estaba haciendo grandes esfuerzos para no rodearle la cintura con mi abrazo de oso y acurrucarme en su pecho… Desvié la mirada al suelo para perderla en ese pensamiento por unos instantes, pero rápidamente volví a alzarla para no sucumbir a tal osadía. Quizás él pensara que simplemente era tímida, y eso a mi ya me venía bien como excusa. Sería más vergonzoso reconocerle que en verdad luchaba contra mis hormonas para no desatar el deseo.

Hicimos unos cuantos pasos coordinados pero el nerviosismo nos empezaba a asaltar a ambos. La ansiedad por crear más intimidad nos perturbaba… ¿o era la sincronización de los latidos de nuestros corazones desbocados? Me aparté un poco para calmarme y deshacerme del hechizo. El rió abiertamente ante mi reacción precipitada y no pude evitar que se me contagiara su risa. Creo que me leía perfectamente y entendía mis actos, como si estuviéramos conectados por bluetooth. Su sonrisa se ensancho como el interior de mi pecho al verla. Al menos estaba claro que no me resultaba para nada indiferente. Esto daba un giro a la situación, y él sabía que era a su favor. Aunque que la balanza se decantara para ese bando quizás al fin y al cabo era una buena noticia para los dos… Al menos para esa parte de mi que le deseaba con un ardor frenético y anhelaba el contacto de esa piel y ese ser que aguardaba en su interior dispuesto a enredarse con el mio…

IMMA –   9 de Mayo de 2009

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