TEMIA LA SOLEDAD

TEMIA LA SOLEDAD

Temía la soledad. Sentía como se acercaba, tranquila, constante, como una ola que besa la arena de la playa. Se olía en el aire la penumbra y sabía que cuando llegase permanecería como un inquilino constante. Y ya sería tan difícil hecharla… Se adentraría en el alma, cada vez más adentro y iría resquebrejando el corazón hasta hacerlo añicos. Poco a poco iría robando la vida, lentamente, disfrutando de la agonía que causaba y se reflejaba en sus ojos que se iban volviendo de cristal. Y después irían perdiendo su brillo para volverse opacos y guardar la angustia adentro, lejos de nadie que pudiera leerla, puesto que así, permanecería en el pecho, dañandolo cruelmente. Se oían ya sus pasos a la lejanía y los colores parecían también temer a la oscuridad de esa soledad que se acercaba y dejó la vida sin luces.

IMMA

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