UN ANOCHE AL AÑO

UNA NOCHE AL AÑO

Transcurren los días resiguiendo la franja rectilínea del horizonte. El tiempo pasa para perderse en la distancia… Pero hoy, la noche oculta la visita inesperada de un personaje, que anhela este momento desde hace tiempo. En sus ojos negro azabache los recuerdos del último envuentro permanecen encerrados en una burbuja de cristal.

Cayó ya el velo de la noche y el paisaje casi ha desaparecido tragado por las sombras. En un ventanal tintinea a la luz de la luna cálida una silueta que se cuela en la estancia sigilosamente. En la habitación reina una calma absoluta. Con cautela el transeúnte se acerca a la cama, en donde una joven muchacha apaciblemente descansa. Tras de si, la luna le mira, grande y llena, guardiana de la noche, gracias a su luz contempla el rostro de la joven, y una vez más, queda cautivado por su hermosura. Se inclina con los ojos abiertos sobre los ojos cerrados y arrima su cara a la de ella. Sus labios rozan su mejilla con dulzura y acaricia con suavidad el contorno de su cara, mientras oye su respiración acompasada.

Ella entreabre los ojos.

– Ay Miguel…, – susurra, – te he echado de menos.

– Sigues tan bella como siempre Laila…

Ella abre los ojos sorprendida.

– ¿Realmente eres tú?

– Claro, ¿no me ves? – Y toma asiento a su lado.

Ella se incorpora rebosante de alegría y él la mira de frente con sus inmensos ojos negros, siempre llenos de vida y de reflejos escondidos. Laila le abraza mientras en sus ojos se desprende una lágrima. Miguel poco a poco la va sintiendo: su aroma, su piel, sus cabellos, sus pechos, sus brazos, sus manos… y ese corazoncito que parecía dormido durante muchas lunas y que había despertado.

– ¡Qué largo el tiempo de ayer a hoy! Me moría de ganas de verte…

– Si…, parece que fue ayer la última vez, y a la vez, hace mucho.

La abraza tan fuerte que teme que se rompa. La acaricia suavemente, la besa en los labios, en las mejillas… Llenándose de ella, envueltos en el deseo. Había sido muy larga la espera y se reflejaba en la ansiedad de sus cuerpos. Miguel puso la mano bajo el camisón y Laila le frenó con la suya.

– ¿Seguro que aun me quieres? ¿No visitarás a otras muchachas en las otras noches, verdad? – Dijo con picardía.

– No seas tonta, yo solo tengo una princesa a la que visitar, y esa, eres tú.

Extiende la mano tímidamente hasta rozar la suya y sonríe con ternura.

– Te quiero, Laila. – Ella se sonroja.

– Y yo a ti.

Se miran fijamente redescubriendo cada detalle de sus rostros, reteniendo en las retinas la imagen del otro para reunirla con las otras ya existentes en el recuerdo. Laila cierra los ojos y entreabre los labios mientras él acaricia sus brazos de arriba abajo, despacio, suavemente. Se siente tan a gusto… Miguel se inclina y vuelve a besarla una y otra vez, siempre con suavidad y dulzura.

Se separa un poco, la mira y oye su respiración entrecortada mientras sus dedos descienden por el camisón, deseosos de explorar su cuerpo. Desliza las manos por debajo de la tela y le roza el vientre con un dedo y Laila deja ir un pequeño gemido. Las prendas quedan en el suelo y sus cuerpos enlazados en la cama unidos en un solo ser. Ella grita y hunde los dedos en su espalda, gozando de su fuerza y su ternura, de sus músculos y su alma, mientras él se mueve rítmicamente contra su cuerpo. Miguel escucha los pequeños gemidos de Laila, mientras se mueve encima de ella sitiendo como se estremece y a la vez se rinde al placer entre sus brazos.

El tiempo que parece haberse dormido en el transcurso de los días uno lejos del otro parece acelerarse ahora que permanecen uno y otro, bajo la luz de la luna, redescubriendose.

Y después la placidez, la plenitud total que reina sus cuerpos que descansan apaciblemente, enredados en las sabanas, dejando pasar la vida sin agarrarla. Se susurran cosas al oído y recuerdan juntos tiempos lejanos, cuando eran adolescentes y la vida les regaló esos dulces encuentros que la vejez recordará satisfecha. Parece que el reloj del tiempo ande hacia atrás al encuentro de aquella juventud deseada. Y como dos muchachos ríen y se lanzan bromas uno al otro llenándose el alma de esa felicidad juguetona que todo lo abasta.

Más la noche avanza y se pierde el tiempo en el infinito. Miguel desvía la mirada hacia la ventana. Contempla las estrellas que le dicen que pronto la luz las borrará del firmamento, y se apaga poco a poco como una vengala que se consume.

– Me falta poco para irme.

– Ya… ¿Tan pronto?

– Sabes que solo se me permite ausentarme una noche al año.

– Lo se…

Él se incorpora y ella vuelve a acurrucarse junto a él. Apoya nuevamente la cabeza en su pecho y siente el contacto de su brazo rodeándole los hombros.

– No me olvidarás, ¿verdad?

– No podría, te quiero demasiado.

– Ay, Miguel – responde ella atrayéndolo hacia sí. Ahora, más que nunca, lo deseaba, lo necesitaba más que nada en el mundo y no podía soportar pensar en que volvería ha estar sola cuando él se fuera. Que esas sábanas que ahora permanecían calientes volverían ha estar frías.

– Me gustaría tener la fuerza necessaria para cogerte en brazos y llevarte al paraíso.

– No te preocupes, cada vez que me visitas traes el paraíso contigo y yo me lleno de alegría y vitalidad para esperar tu regreso.

– Si pudiera permanecer junto a ti… Sabes que yo…

– No digas nada, – dice ella tapándole la boca con un dedo, – limitémonos a disfrutar de este momento.

Se besan bajo esa luz cálida que les deja la luna, sintiendo el amor arder fuertemente en sus almas. Miguel le coge la mano cuidadosamente mientras le murmura palabras de amor al oído, entre beso y beso. Le pone algo en el interior y le cierra el puño.

– Ábrelo cuando sea un punto que se pierde en el horizonte.

Se levanta y le da un beso en la frente.

– Volveré el año que viene, en una noche como esta, para reencontrame contigo y reanimar una vez más nuestro amor como aquel que atiza el fuego para que no se apague.

Se acerca a la ventana y mira al horizonte. Ella sabe lo vacías que quedarán sus noches pero no dice nada. Sabe que de nada serviría, y solo le queda aferrarse a la esperanza de que el año que viene él volverá para besarla una vez más bajo la luz de la luna. Por lo menos había tenido la felicidad unos instantes y ahora y siempre podría recordarla.

Miguel se gira hacia ella, le sonríe y bate las alas para emprender el vuelo y perderse una vez más en el horizonte; como si jamás hubiera existido; como si hubiera sido solo un sueño. Un sueño que regresaría el año que viene.

Laila se mira el puño cerrado. Lo abre poco a poco. En su interior, junto a una pluma de ángel, hay una nota que dice:

 

" En la snoches en que mi ausencia

sientes que te oprime el corazón,

sonríele a la luna y guíñale

el ojo a las estrellas, porque

tras el firmamento, estaré yo,

observándote cuidadosamente

con nostalgia de tu amor,

esperando la noche furtiva

que nos reúna de nuevo a los dos."

TU ÀNGEL MIGUEL  

 

 

Seudònim: Ryoko. Autora: Imma Sartorio.

JOCS FLORALS 2000 Escola Les Pies de Balmes

1er PREMI PROSA EN CASTELLÀ

 

"Gràcies Xavi!!! Encara recordo quan et vaig deixar llegir la primera versió: "I es veuen sols una nit a l’any i no follen?" jajajaja. Tenies tota la raó. Així k vaig fer uns retocs i si, ara disfruten millor la nit a l’any, jajaja. Això si, també recordo la cara de la meva tieta flipan al llegirla i que no es creia que hagués pogut escriure tot això sense haberme fet ni tansols un petó amb llengua amb un tio, jajajaj. Però es que la imaginació dona per molt!!!jajajaj. Ara podria imaginar més cosetes, jeje. (k les vivències donen més llibertat a la imaginació, uhh!! U_U  , Petonets!!"

 

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